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Mario Presas

Un resplandor intransferible

 

Defensor del arte de la palabra y el pensamiento crítico, Mario Presas, un entrerriano convertido en platense desde hace muchos años, doctor en Filosofía y recientemente nombrado Profesor Extraordinario-Consulto por la Universidad Nacional de La Plata, cita en esta nota, entre otros

conceptos, un pensamiento de Nietzsche que le es afín: “el hombre es el único animal que puede prometer”.  Dedicado a la docencia y a la escritura, acuerda que para él la literatura y ciertos personajes literarios, como el Gregorio Samsa de Kafka o el  Marcel de la Recherche, de Proust, “iluminan nuestra propia interioridad con un resplandor intransferible”.

En estos tiempos vertiginosos, vale la pena detenerse un momento y seguir el hilo de un estudioso de la condición humana que en su último libro, Del ser a la palabra,  indaga sobre el sentido que el Ser, perdido en el mundo, halla a

través de la palabra.

 

¿Podría definir las razones que lo llevaron a elegir la filosofía como actividad primordial en su vida?

En realidad no sabía exactamente en qué consistía la filosofía, fue una decisión muy vaga de “algo” que tenía que ver con letras y filosofía.

 

Lo curioso es que al cabo de los años me acerco cada vez más a la literatura, al goce de la literatura y compruebo que la filosofía logra expresarse mejor a través de las obras literarias.

 

Este “descubrimiento”, como es sabido, ya está en Platón en cuya alma pugnaban, luchaban, filosofía y poesía.

 

¿Cree que le cabe al filósofo y a la filosofía un lugar específico en el mundo actual?

 

Yo no diría que al filósofo como tal, es decir, el especialista; sino que, en general, para el mundo actual es necesario una actitud filosófica; el hombre y la mujer en cuanto seres pensantes necesitan tener en claro, por medio de la crítica, la realidad de su entorno social, las metas de la política, las condiciones de la amistad, el valor del arte, etc.

Se puede decir que están de moda ciertas corrientes y libros que toman a la filosofía occidental como una herramienta de autoconocimiento o ayuda, por sintetizarlo de alguna manera ¿Qué piensa al respecto y en qué medida usted considera que este estado de las cosas ayuda verdaderamente?

 

En principio, desconfío de los libros de autoayuda;  la verdadera ayuda viene por añadidura de la meditación crítica sobre los temas generales que dije antes. En este sentido, creo que ayuda más Proust o Borges que los libros llamados de autoayuda. Aunque no lo digan directamente, Funes el memorioso, Gregorio Samsa, el Marcel de la Recherche, iluminan nuestra propia interioridad con un resplandor intransferible.

 

De sus indagaciones, se desprende que el ser, el sí mismo, es una especie de entre, un estar entre un inicio y un final ajeno a cada uno de nosotros; en tal sentido ¿cuáles serían, desde su perspectiva, algunas de las líneas de observación que nos ayudarían a definir este existir, este devenir de una vida?

Desde principios del siglo veinte el filósofo ha renunciado a la búsqueda de una esencia permanente del hombre. Ortega nos hizo ver que desde Descartes el hombre occidental se había quedado sin historia, había adquirido la certeza del cogito  pero de un cogito vacío; de lo que se trata ahora es de recuperar la idea de un ser que se va haciendo, que es historia. Esto es lo que expresa en diversos matices la palabra “vida” en Ortega o la palabra “existencia” en Heidegger, Marcel, Jaspers: un ser que debe resolver qué va a ser, siendo.

 

El arte ha sido una de sus preocupaciones / ocupaciones centrales. Usted ha escrito: “la indagación del artista en su propia vida no tiene otra finalidad que recuperar lo propio oscurecido, cegado” ¿Podría desarrollarnos este concepto?

 

Bueno, esto se comprende al ver lo que acabamos de decir sobre la temporalidad y la historicidad del hombre. Se trata de un ser que se encuentra existiendo en un mundo ya interpretado, un mundo de todos, del uno, del se. Recuperar el ser propio significa traspasar esas capas impersonales y llegar a un núcleo de identidad, de la propia identidad, que quizá sólo puede exponerse en el relato. Volvemos así a encontrar entonces la prioridad de lo estético (el cuento, la novela) sobre lo puramente conceptual.

 

¿Cómo el arte re-describe la realidad, si es que lo hace?

 

Pongamos por caso la novela, el autor construye un personaje imaginario, lo enfrenta a situaciones límites, lo hace padecer las penurias del amor y la angustia de la muerte etc., todo esto en un plano de irrealidad. Como diría Aristóteles al distinguir la tragedia de la historia: estamos en la dimensión de lo posible, no de lo que realmente pasó. El lector vuelve a darle consistencia a esos mundos posibles y al hacerlo se reconoce a sí mismo, juzga, valora. En este sentido, dice Ricoeur,  la lectura es un laboratorio moral en el que la realidad es redescrita y el sujeto modificado. Como es obvio, este modelo, mutatis mutandi, puede aplicarse también a las otras artes, por ejemplo a la pintura.

 

 Para usted el lenguaje cumple una función esencial en el ser humano, ¿podría explicarnos esta posición?

 

Desde siempre se ha definido al hombre como el ser que tiene logos, lenguaje, razón. Pero desde el siglo XIX de un modo similar a lo que decíamos al comienzo acerca de la historia se piensa al lenguaje como algo más que la mera trascripción neutra del pensamiento, como algo más que un instrumento. No hay experiencia propiamente dicha para el hombre si no alcanza el dominio del lenguaje. Acabo de publicar un libro que lleva por título Del ser a la palabra,  esto es, del estar perdido en el mundo al hallazgo del sentido propio de la identidad que logramos a través de la palabra.  Además mantener la palabra, como suele decirse, significa ser fiel a sí mismo, en cierto modo anticipar lo que voy a seguir siendo. Gabriel Marcel solía citar el pensamiento de Nietzsche: el hombre es el único animal que puede prometer.

 

Entre otros pensadores y artistas del siglo pasado usted menciona a menudo a Marcel Proust, a Paul Ricoeur,  a Rainer María Rilke, a Jorge Luis Borges, ¿cuál sería su mayor afinidad con cada uno de ellos?

 

En ellos encuentro lucidamente expresado el hecho de que el ser humano es temporal, que se va haciendo en su propia historia. Para seguir con Ricoeur:  en su maravillosa obra Tiempo y Narración recoge tres autores fundamentales como son Virginia Wolf, Thomas Mann y Marcel Proust para dar cuenta cómo la literatura resuelve las aporías en las que cae la filosofía tradicional cuando se pregunta por el tiempo. Un ejemplo muy claro es la breve novela de Virginia Wolf Mrs Dalloway. A través del recorrido de esta señora por Londres, Virginia Wolf reconstruye la corriente de la conciencia del personaje; nos pone ante los ojos la realidad de las vivencias del tiempo, marcado simbólicamente por las campanadas de diversos relojes que señalan Las Horas – como ella misma pensaba titular esa novela, que luego fue trasladada muy creativamente en la película de ese nombre por Stephen Daldry según la novela de Michael Cunningham.  Esto es un ejemplo admirable de la redescripción de la realidad por el arte, y de la redescripción de una obra de arte por medio de otra, en un fantástico juego dialéctico.

 

Como estudioso del ser humano y las condiciones del vivir, ¿cuáles son sus apreciaciones acerca de, por ejemplo, u nuestros jóvenes; acerca de este ir viviendo en los tiempos presentes, donde el vértigo, la saturación de imágenes, el cuerpo, imperan?

 

Nuevamente, pensar la filosofía o al filósofo  en estos términos es caer en la tentación de la fácil autoayuda, asociarla con recetas, con el sermón o el consejo de vida, no con la tarea de la crítica. Esto quedaría en claro si pensamos que la filosofía occidental fue “inventada” por Sócrates, por “algunos tipos raros” como dice Husserl, quien no es muy proclive a los términos literarios o imaginativos. Sócrates fue y sigue siendo el prototipo de este modo de pensar; la vida no vale la pena sin un examen crítico; nada debe aceptarse sin discusión... pero es claro que Sócrates, para mantenerse fiel a sí mismo, tuvo que pagar con su propia vida. Hegel dice también en la Filosofía de la Historia  que Sócrates fue condenado a muerte por “subversivo”, por resistirse a aceptar sin crítica los dioses imperantes en su comunidad. La filosofía no da recetas ni “ayudas”; da imperativos que deben cumplirse de acuerdo con la conciencia de cada uno.                            t

 

Entrevista: Sandra Cornejo

Fotos: Roberto Borda

 

Mario A. Presas / Datos

Nació en Entre Ríos en 1933 y reside en La Plata. Es Profesor y Doctor en Filosofía por la Universidad Nacional de La Plata. Premio Konex de Platino 1996 rubro Estética, Teoría e Historia del arte. Estudios de postgrado en Alemania, becado por el Deutscher Akademischer Austauschdienst (Servicio Alemán de Intercambio Académico) y por la Alexander von Humboldt-Stiftung. Fue Profesor de Estética, en las Facultad de Humanidades de la UNLP y en la de Filosofía y Letras de la UBA. Investigador superior del CONICET. La Universidad Nacional de La Plata lo ha designado Profesor extraordinario en la categoría de Consulto. Es miembro del Centro de Investigaciones Filosóficas (CIF) de Buenos Aires, de cuya Revista latinoamericana de filosofía es coeditor. Algunas de sus últimas publicaciones han sido: La verdad de la ficción, Buenos Aires, Almagesto, 1997; La recepción estética, en el volumen Nº 25: Estética, de la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, ed. por David Sobrevilla y R. Xirau. Instituto de Filosofía (Madrid), Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España, 2003, y Memoria y vida. Notas sobre Heidegger, Celan y Semprún, Revista Latinoamericana de Filosofía, Vol.XXIX, Nº 1 (2003), Del ser a la palabra. Ensayos sobre estética, fenomenología y hermenéutica, Buenos Aires, Ed. Biblos, Colección Pasajes, 2009.


 

 

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